Dios, nuestro Creador y Señor, puede ser conocido con certeza, por la luz natural de la razón, a partir de las cosas creadas.
Escritura
- Rm 1,20
- Sab 13,1-9
Magisterio
- DS 3026 — Concilio Vaticano I (1869-1870). [Contra los que niegan la teología natural.] Si alguno dijere que Dios vivo y verdadero, creador y señor nuestro, no puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón humana por medio de las cosas que han sido hechas, sea anatema.
- DS 2441 — Constitución "Unigenitus Dei Filius", 8 de septiembre de 1713. [Errores jansenísticos de Pasquier Quesnel] 41. Todo conocimiento de Dios, aun el natural, aun en los filósofos paganos, no puede venir sino de Dios; y sin la gracia, sólo produce presunción, vanidad y oposición al mismo Dios, en lugar de afectos de adoración, gratitud y amor.
- DS 3004 — Concilio Vaticano I (1869-1870). [Del hecho de la revelación sobrenatural positiva]. La misma santa Madre Iglesia sostiene y enseña que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón humana partiendo de las cosas creadas; porque lo invisible de El, se ve, partiendo de la creación del mundo, entendido por medio de lo que ha sido hecho (Rm 1,20); sin embargo, plugo a su sabiduría y bondad revelar al género humano por otro camino, y éste sobrenatural, a sí mismo y los decretos eternos de su voluntad, como quiera que dice el Apóstol: Habiendo Dios hablado antaño en muchas ocasiones y de muchos modos a nuestros Padres por los profetas, últimamente, en estos mismos días, nos ha hablado a nosotros por su Hijo (He 1,1 s; Can. 1).
- DS 3875 — Encíclica "Humani generis", de 12 de agosto de 1950. Si bien es cierto que la razón humana, sencillamente hablando, puede realmente con solas sus fuerzas y luz natural alcanzar conocimiento verdadero y cierto de un solo Dios personal, que con su providencia conserva y gobierna al mundo, así como de la ley natural impresa por el Creador en nuestras almas; sin embargo, muchos son los obstáculos que se oponen a que la razón use eficaz y fructuosamente de esta su nativa facultad.
Concilio
Nota
Vaticano I, Dei Filius (cap. 2 y can.)